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Pasada la fiesta electoral, en la que los hondureños hicimos sentir nuestra opinión sobre los acontecimientos del último semestre del 2009, los trabajadores espíritas hemos retomado con toda fuerza nuestras actividades de asistencia social.
El mes de Diciembre se ha visto cargado de entusiasmo, alegría y la felicidad de compartir -característicos de esta temporada navideña en la que, bajo la dirección de Jesús, abundantes torrentes de efluvios positivos son derramados amorosamente por los colaboradores del bien a lo largo y ancho del planeta, generando con ello la Magia de la Navidad.
Gracias a ello, no es extraño que en estas fechas nuestros espíritus estén más dispuestos a dar, más deseosos de estar cerca de aquellos a los que amamos y nos aman, más desprendidos de lo material -sintiéndonos más generosos- y mejor acondicionados en lo espiritual, deseando rectificar nuestros errores, buscando obtener y ofreciendo el bálsamo del perdón a aquellos con quienes hemos estado en conflicto.
Convencidos de que la escencia de la Magia de la Navidad reside en nuestra propia vibración reajustada y sintonizada con el amor, asistidos y orientados por nuestros amigos espirituales, hemos procurado actuar en consonancia.
Sensibilizados por esta amorosa vibración, hemos vuelto a los hospitales, asilos y a las calles para llevar sonrisas, abrazos, consuelo, esperanza y optimismo a nuestros compatriotas entristecidos por las pruebas y los dolores, tanto en el orden material como en el espiritual.
En los diversos recorridos realizados, se han entregado también juguetes, dulces, ropa de bebés, alimentos y, en cada ocasión, hemos ofrecido unos regalos muy especiales: Nuestro Tiempo y Nuestro Amor.
Estos regalos son muy especiales pues en la actualidad el tiempo del hombre está concentrado en lo que le da cosas materiales y, su amor, está concentrado en las cosas materiales; ahí radica, lamentablemente, la mercantilización de la Navidad. Olvidamos que la celebración es el nacimiento de Jesús y la llegada -con él- de la buena nueva, la Ley del Amor.
Nosotros, recordando su nacimiento, nos unimos al sentimiento de gozo y gratitud que la espiritualidad mayor vivió al coronar esa fase de la misión redentora de Jesús y, recordando su enseñanza práctica, nos hemos dado a manos llenas compartiendo con aquellos instrumentos que nos ayudan a edificar el espíritu.
Los espíritas hondureños estamos en servicio... atrás quedó la crisis y llegó la hora de trabajar.
¡Les invitamos a todos a trabajar por el Bien!
¡Paz en sus Corazones y Progreso Sostenido en el 2010! |